domingo, agosto 28, 2005

Digo lo que no quiero decir. Callo lo que no quiero callar. Me deshidrato una vez por mes. Me hundo una vez al mes. Y cuando vuelvo me pregunto: Que habrá hecho la que compartía mi corazón? Le ha preparado un corazón con mi corazón. Lo ha moldeado sobre mis deseos y lo ha expuesto al peor comprador. Y ahora llega ella y acaricia este, tan pesado e inútil como una bolsa de arena.



Espantapájaros 18

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas, las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Oliverio Girondo.